Ok mi zo0... este día, después de tanto pedir por que llegara, llegó.
Hoy es para mi un placer darles a conocer lo que es mi poema #150, se dice difícil llegar a él, y pues en verdad lo es, sin embargo sé que aun queda mucha inspiración por delante, pues la poesía está en todo, y, de hecho, todos somos poesía...
sin más por el momento, espero disfruten de este poema tanto como yo disfruté creandolo...
Miasma
Efluvios de polución insana,
eléctricas sierpes voladoras se precipitan rugiendo
en el recinto de piedra tallada con flores de un culto siniestro.
Un fuego fatuo me espera en el paisaje de muerte,
una sirena silente, súcubo en disfraz de santa,
Efluvios de polución insana,
eléctricas sierpes voladoras se precipitan rugiendo
en el recinto de piedra tallada con flores de un culto siniestro.
Un fuego fatuo me espera en el paisaje de muerte,
una sirena silente, súcubo en disfraz de santa,
una zorra, una beata, la manzana de la serpiente.
Etérea composición del cuerpo: delgada, pálida, enferma.
Etéreos también los suspiros y la humanidad que emana,
un aire casi divino, perfecto, pero de viciante entraña.
Su perfume hormonal delatala
putrefacción del ser, la toxicidad del alma,
la no-vida e inherencia a lo que tanto ella buscaba.
Sus palabras danzantes son hipnóticas quimeras,
su fragancia opiácea me consume la esperanza,
una terrible y vana esencia que de mi vida se escancia.
Vomitiva la pasión que en mí se encarna,
mi sulfurosa exhalación a ella sirve de alimento,
y el fantasma come-sueños reduce lo eterno a mortal
Envuelven mi piel sus zarpas:
maestra de lo irreal, neblina que sabe amarga,
aspiro la fétida distancia y me da asco un vendaval…
Y se evapora entre la nada, y me contagia de recuerdo,
y un suspiro, lluvia y truenos me parasitan el alma,
infectado de esa dama, yo que nunca estuve enfermo…
Aspirando su miasma, aferrándome a algo muerto…
Etérea composición del cuerpo: delgada, pálida, enferma.
Etéreos también los suspiros y la humanidad que emana,
un aire casi divino, perfecto, pero de viciante entraña.
Su perfume hormonal delatala
putrefacción del ser, la toxicidad del alma,
la no-vida e inherencia a lo que tanto ella buscaba.
Sus palabras danzantes son hipnóticas quimeras,
su fragancia opiácea me consume la esperanza,
una terrible y vana esencia que de mi vida se escancia.
Vomitiva la pasión que en mí se encarna,
mi sulfurosa exhalación a ella sirve de alimento,
y el fantasma come-sueños reduce lo eterno a mortal
Envuelven mi piel sus zarpas:
maestra de lo irreal, neblina que sabe amarga,
aspiro la fétida distancia y me da asco un vendaval…
Y se evapora entre la nada, y me contagia de recuerdo,
y un suspiro, lluvia y truenos me parasitan el alma,
infectado de esa dama, yo que nunca estuve enfermo…
Aspirando su miasma, aferrándome a algo muerto…