jueves, 19 de febrero de 2009

Huele a Llanto

Ojala que aquel abrazo no acabara con suspiros,
ojala que aquellos besos fueran más que acto reflejo,
ojala que el tiempo juntos fuera más que un simple rito,
ojala fuera feliz en este encuentro…

Y sin embargo vivo en cuentos pues tus besos son fingidos,
y aquel abrazo se limita a ser el roce de los cuerpos,
te son eternos los momentos que apenas y compartimos
ojala fueses feliz cuando nos vemos…

Y sin embargo no me aparto, aun sabiendo aquel destino
sé que acabará con lágrimas el sueño predilecto,
sé que llegará el momento en que secciones los caminos,
pues no me quieres como te quiero…

Y mientras tanto, huele a llanto, el silencio en que te miro
sabe a pena tu mirada, que me engancha a un mundo muerto
pues ya llegará el momento en que se partan los caminos,
si es lo que buscas, dame fin presto…

Y si aun recuerdas el encanto que algún tiempo atrás vivimos,
tenlo siempre muy presente, pues se fueron esos tiempos,
sabe a sal el recordarlos, huele a llanto el aire fino
en que se pierde tu aroma, en que se pierde lo nuestro….
-
Nota: Este Poema es de Khalion, me pidió que lo subiera.

lunes, 16 de febrero de 2009

Sin título

Hola a todos. El día de hoy les dejo un pequeño intento de poesía. Khalion, esperaré a que dejes tu opinión al respecto antes de escribir la interpretación que le dí a Pablo. Por cierto, podrías decirme que recurso literario estoy usando en este escrito? Pablo y yo no pudimos recordarlo.


Huelo a muerte…
En las mañanas tiernas
Y en el pasto del jardín,
Huelo a muerte…

En cada esquina
Y tras cada calle,
Huelo a muerte…

Bajo la sombra de los árboles
En medio de los matorrales,
Huelo a muerte…

En medio de la gente
Y en medio de la nada,
Huelo a muerte…

En el viento de la tarde
En las nubes de tormenta,
Huelo a muerte…

En los nidos de las aves
Y dentro de los hogares,
Huelo a muerte…

En los rincones oscuros
En los campos iluminados,
Huelo a muerte…

Bajo la luz de la luna
Y ante el titilar de las estrellas,
Huelo a muerte…

Cuando cierro los ojos
Y vivo entre sueños,
Huelo a muerte…

Al pasar de las horas
mientras se acerca la mañana;
Cuando todo cambia
Y la tierra se renueva,
Abro los ojos…
Y al mirar dentro de mi alma,
nuevamente …
huelo a muerte.

martes, 3 de febrero de 2009

Desde Otros Ojos (Parte 1)

sé que tal vez este no es el especial que todos desearían leer, sin embargo es uno que en lo aprticular em llamó mucho la atención y tuve el deseo de desarrollar, sin más preámbulo presento ante ustedes esta historia, narrada literalmente desde otros ojos... inspirado en lo absurdo de algunos juegos de rol...

2 de Febrero

ERIKA

Erika —Hola, tú eres Miranda ¿Verdad?, ¿Me recuerdas? Soy Erika, estudiamos juntas en la secundaria. Supe que estuviste viviendo en otra ciudad.Hacía años que no te veía, por poco y no te reconozco. De veras que cómo ha pasado el tiempo…

Por aquí todo va bien, la ciudad ha crecido mucho en los últimos años, ahora ya contamos con nuestro propio centro de convenciones que, aunque no sea tan bonito como los de otras ciudades, fue un gran aporte por parte del gobierno y, sobre todo, una derrama de recursos que a la larga nos beneficiará… ¿Lugares para salir? seguimos entre el dilema entre el bulevar y la plaza, creo que están próximos a abrir un boliche, pero no es nada seguro, lo mejor de aquí es salir con los amigos de antro, beber y bailar, total que ya contamos con la mayoría de edad.
¡Ay Miranda!, de veras que creí jamás volver a verte, que bueno que estés de nuevo aquí, sé que vamos a vivir muchas cosas nuevas en este semestre que comienza…


VALERIA

Erika — Mira, ahí viene “Vale”, te la voy a presentar. ¡“Vale”!

Valeria — ¿Qué pasó amiga? ¿Cómo estamos?

Erika — Bien, bien, pero ven, te quiero presentar a alguien: ella es Miranda; Miranda, te presento a mi amiga Valeria.

Valeria — Mucho gusto Miranda, nunca en mi vida te había visto, no eres de aquí ¿Verdad?, ¿De dónde vienes?

Erika — Miranda es una compañera de la secundaria, estudiamos juntas en la “técnica 69”; al graduarnos ella se fue a estudiar el bachillerato a Coatzacoalcos porque su papá fue trasladado a trabajar ahí, ahora que su viejo se jubiló volvió, pudo revalidar las materias del primer semestre y ahora estudiará con nosotras, bueno, algunas horas al menos, porque su horario quedó quebrado. Tomará algunas clases en la mañana y otras en la tarde.

Valeria — Uy que mal… con lo horrible que es ir a la escuela, como para estarlo haciendo dos veces al día. Pobrecita de ti, te fue mal, aunque por otro lado conocerás a más chavos…

Erika — Sí, eso será lo único bueno, en fin… ¿Les parece si vamos a dar una vuelta a la plaza?

Valeria — Por mí está bien, no tengo nada mejor que hacer. Acabo de pelearme con mi novio porque es muy hostigoso, siempre quiere estar a mi lado y me cela mucho; lo mantendré castigado un par de días, para que en San Valentín me dé un regalote.

Erika — OK, entonces vayamos. Vente Miranda, vamos a viborear niños guapos.

LA PLAZA

Erika — ¡Mi vida!, ¡¿No es ese el peluche más hermoso que hayan visto?!

Valeria — ¿Bonita esa cosa?, está horrendo, para empezar no me gustan los peluches, ¿Tú que opinas, Miranda?

Erika — ¿Verdad que está bonito? Bueno, vamos a ver que más encontramos.

Valeria — Oye Eri, ¿Esa de allá no es Katia?

Erika — Si, si es Katia, ¡Maldita niña fresa!, ¡Cómo la odio!

Valeria — Se cree la señorita perfecta sólo porque siempre saca las más altas calificaciones, porque es delgada y su cara no tiene ninguna imperfección…

Erika — Si, y esa voz de niñita mimada no sabes cuanto me irrita, lo peor es que cómo atrae a los hombres. Pobre de ti Miranda, vas a tener que soportarla toda la bendita mañana.
Valeria — ¡Uy de veras!, que te tocaron clases en la mañana.

Erika — ¡Uf!, y con lo insoportable que es, seguramente va a ir a tu silla y te sacará plática, ella siempre quiere llevarse bien con todo el mundo, ¡Pinche vieja arrastrada!, como ni tiene amigos…

Valeria — Pues se ve que no es tan mala persona, yo no le hablo porque ella no me habla.

Erika — Pues yo no le hablo por fresa, aunque me hablase la ignoraría; le coquetea a todo hombre que puede ¡Es una zorra!; se cree que con sólo una sonrisita ellos van a caer, lo peor es que a la mayoría de esos estúpidos les gusta, ¿Qué le ven?, ¿Qué no se dan cuenta de lo que en realidad es?...

Valeria — Los hombres son animales, amiga.

Erika — Si, son unos tontos; bueno, todos menos Govinda, él es un caballero en toda la extensión de la palabra, aparte de eso, es guapo y educado, es un amor.

Valeria — Pues mi Dante si es una bestia, pero así lo quiero, porque a pesar de todo es mansito. ¡Uy, este disco me encanta!, ya sé lo que quiero para el catorce. Y… si tanto te gusta ese tipo… ¿No ya deberías comenzar a hacer algo?

Erika — Eso quiero, nos llevamos muy bien y parece que no me mira con malos ojos, pero no sé… tengo miedo…

Valeria — Si te apendejas te lo van a ganar, sé lo que te digo…

Erika — Sí, lo sé, pero no sé que decirle, ¿Cómo le hago amiga?

Valeria — Podrías decirle que te acompañe a algún lugar, sólo porque quieres comprar algo o nomás porque no quieres ir sola, no creo que te diga que no.

Erika — Tienes razón. Creo que lo pensaré. ¡Ay!, ¡Mira qué tarde es!, tengo que llegar a mi casa para ayudar con la limpieza a mi mamá. Nos vemos luego amiga, adiós Miranda.

Valeria — Chao, amiga, piénsale bien. Yo llevaré a Miranda en mi coche, su casa me queda de paso. Vamos Miranda, yo también tengo que llegar temprano.

CAMINO A CASA

Valeria —Ah esa Erika, ojala se le haga con ese niño, hace mucho que no sale con alguien, quedó muy decepcionada después de su cuarto intento, todos resultaron ser unos perfectos patanes: El primero de ellos le puso el cuerno con una amiga que ella estimaba mucho; el segundo sólo salió con ella para darle celos a otra chava, lo logró; el tercero simplemente le pidió que fuese su novia y nunca más le volvió a ver, sus amigos dijeron que se había ido de la ciudad, pero más tarde nos dimos cuenta que eso fue mentira; el cuarto de ellos fue el peor, no sólo era un amargado mal hablado, aparte era celoso como pocos, siempre estaba peleando con ella, a decir verdad no sé qué le vio, Erika siempre estaba con una cara de tristeza a causa de sus repetidos pleitos hasta que un buen día fue a mi casa a llorar, según su versión: él le llamó por teléfono para terminar la relación, simplemente porque sí. Ahí me ves tratando de consolarla diciéndole que algún día encontraría a alguien (Erika no es fea, aparte, tiene carisma), le decía que se controlara, que aquel tipo era un ciego y seguramente lo olvidaría pronto; a los pocos días dio por concluido ese episodio de su vida, se dio cuenta que podía ser feliz sin él y volvió a sonreír, pero ahí no termina todo, aquel desalmado volvió implorándole lo perdonara, mi amiga tiene un buen corazón, pero jamás creí que lo hiciera, aunque hay que aceptarlo, no es de lo más brillante y es un poco atravesada, además, estaba enamorada, ese fue su error: enamorarse de alguien que no lo merece, ese es el error más común que cometemos las mujeres, el sólo tener ojos para quien nos hace sufrir; el caso es que lo perdonó y se repitió la historia, de aquel maldito ya nada se supo, no hace mucho creo que se casó, pero no, la neta no sabría decir que fue de él.
No entiendo porque los niños a veces son así de falsos, creen que nos importa mucho la actitud esa de garañones, ¿Qué no se dan cuenta que una chava lo que busca es alguien que la haga sentir bien, protegida? ¿Por qué se empeñan tanto en lucir como auténticos machos en lugar de tan sólo procurarnos una sonrisa, unas palabras dulces, un abrazo y un beso de vez en cuando? Digo… esta bien que algunas veces si los necesitamos fuertes y dominantes, pero la mayoría del tiempo necesitamos alguien con quien podamos estar a gusto, alguien con quien puedas compartir tus sentimientos sin temor, alguien que tan sólo escuche, ya no un consejero, sino alguien con quien puedas desahogarte y que soporte nuestros cambios de humor, y claro, si está guapo mucho mejor… ¿No lo crees?

Esta es tu casa, ¿Verdad?, bueno Miranda, te dejo, nos vemos mañana en clases.

domingo, 25 de enero de 2009

El Caballero

bueno señores, presento ante ustedes un poema que en lo particular proyecta un poco lo que muchos querriamos...
ya tengo la idea para el especial de san valentin, inspirado un poco en los juegos de rol, claro que no se ganará experiencia ni siquiera se podrán tomar decisiones...
espero les guste

Viste de negro el caballero, el corazón no le bastó;
una coraza ya sin brillo, en su armadura no entra el sol.
Lleva una herida sobre el pecho que respira harto dolor,
y aun se queja del hechizo de aquella mujer dragón.

Su mirar refleja el miedo de esa última invasión
la batalla, el maleficio y la herida que dejó.
Un colmillo sobre el cuerpo perforó su corazón
infectó al hombre sencillo, hasta el alma le vició

Y en su paso por mil pueblos una espada le gustó,
una espada de dos filos, gran objeto destructor
que le dio un impulso nuevo a ir en caza del dragón
a cambiar aquel destino que hace tanto se forjó

Va de nuevo a aquel encuentro en busca de una ocasión,
Lo ha encontrado decaído sin fuerzas ni protección;
y ha clavado en su pecho aquella espada con rencor,
Le agrado verle vencido, ya la sangre le gustó

Hoy camina el caballero con el alma hecha un jirón,
no le importa ser mezquino, ni aquel daño que causó
Inexperto caballero que hace gala del amor
esa espada de dos filos que maneja sin control…
esa espada de dos filos con que a tantas lastimó…

miércoles, 14 de enero de 2009

Poeta, Amigo

Abrí mi carpeta de poemas... Los recuerdos de años pasados desfilaron fugaces en mi mente: sentimientos, amores, circunstancias, personas.... Tengo muchos escritos favoritos, pero sin duda, uno de los que más aprecio es precisamente este... Lo dedico a mis amigos Escritores.

Hay una palabra que sale de tu boca
Quizás un verso, quizás alguna nota
Hay un grito que sale de tu alma
Quizás ella es, ella es quién lo provoca
Yo sé que lo sientes, que lo dueles, que lo sufres
Yo sé lo que callas, no lo dices y te hundes
Tú eres el poeta, el que vive para ella
El que le escribe, el que la sueña
El que se inspira en su belleza
Y que con mucha sutileza
Le platica lo que siente

Hay una poesía que sale de tus manos
Quizás una canción, en la que dices: “yo la amo”
Hay un gran silencio, que sale de tus labios
Quizás ella es, ella es de quién hablamos
Yo sé lo que piensas, lo que dices, lo que callas
Yo sé que la sueñas y en las noches tú le hablas
Tú eres ese hombre, el que vive para ella
El que le escribe, el que la llora
El que se muere y revive
Y su cariño no recibe
Yo sé lo que tú sientes

¡Oh! Poeta amigo, entiendo lo que sufres
Yo estoy a tu lado, no hay nada que me ocultes
Yo sé que es hermosa, que la quieres, que te mueres
Yo te entiendo amigo mío, yo si sé quién eres…

martes, 13 de enero de 2009

La Siguiente Bienvenida

El animal que faltaba llegó, y otra vez volvemos a reunirnos, ahora en este lugar al que no acabo de acostumbrarme, un nuevo hábitat, nuevas experiencias y seguramente nuevas personas que verán y evaluaran nuestro desempeño... sin embargo eso es el motor de nuestra pequeña organización, este espacio es la continuación de nuestros sueños...

Ok, el animal que faltaba soy yo, mi nombre es Gonzalo, el pseudonimo es Khalion, actualmente coopero con el zo0 desde Chetumal, puesto que estoy en ese lugar, y estoy feliz de iniciar con mis amigos una nueva etapa en la vida del grupo... sé que nos irá bien... sé que seguiremos adelante por mucho tiempo más...

y pues dada la nueva bienvenida no me resta más que prometer lo mejor de mí a partir de ahora...


Khalion

martes, 6 de enero de 2009

Embrujo de Café: Parte 3

De pronto, un pensamiento oscuro cruzó su mente. Recordó la advertencia del hombrecito en su sueño y sintió miedo. Sabía que algo muy malo pasaría si su boca producía alguna palabra, pero la agobiaba más el hecho de saber que si no decía algo pronto, Eduardo seguramente se marcharía herido y humillado.

- Mi nombre es Jazmín – Dijo sin poder ocultar su miedo. – He venido aquí cada semana a esperar algo que ni yo misma sabía que era. Hoy me dí cuenta que este momento es lo que he anhelado durante todo este tiempo. Me gustaría vivir junto a ti el resto de mi vida, pero siento que algo malo va a pasar.

La sonrisa de Eduardo no alcanzaba a reflejar su felicidad. Por fin había escuchado el nombre que tantas veces había tratado de adivinar. La noticia de que algo malo sucedería ni siquiera le interesó. Lo único importante para él era que su vida había cambiado y que había encontrado la felicidad.

Ambos se miraron fijamente y antes de darse cuenta sus labios se habían fundido en un beso. No era un beso cualquiera, era como si se hubieran conocido durante mucho tiempo, como si hubieran sido amantes durante doce años. Pero de pronto algo pasó. Todo fue muy rápido. Eduardo abrió los ojos justo a tiempo para ver la sonrisa de Jazmín por última vez. Ella comenzó a irradiar un brillo fantasmal, su piel se veía semi transparente y poco a poco desapareció.

Aquello era imposible. Debía ser un sueño. ¿Cómo era posible que sucediera eso justo en el momento en que su vida había cobrado sentido?. Eduardo se levantó indignado. Con rabia comenzó a destrozar el local, lloraba amargamente y gritaba con todas sus fuerzas. Dijo una blasfemia con cada silla que rompió y maldijo a su destino por jugar con él de esta forma. No hubo un solo artículo de la cafetería que se conservara completo. Todo yacía despedazado y revuelto en el piso, todo menos el cuadro, la mesa y la silla que la chica del café había ocupado durante tanto tiempo.

Al anochecer se arrastró hasta la mesa. Se sentía agotado, aunque la furia no había disminuido. Juntó algunos escombros y los acomodó a modo de silla. Se sentó justo en donde apenas unas horas antes había visto desvanecerse a su amada. Ahí pasó la noche entera en vela, llorando a ratos y desgarrando la oscuridad con su dolor.

Al siguiente domingo todo parecía seguir igual. Los pedazos rotos de tazas y mesas estaban esparcidos por todo el piso. Apenas amanecía cuando dos hombres de uniforme blanco sacaban del local una bolsa negra en la que se adivinaba la figura de un hombre. – Mira que curioso – dijo uno de los que cargaban el cuerpo – todo está destruido menos la mesa, el cuadro y ese reloj. A primera vista le había parecido que el reloj funcionaba aunque obviamente iba varias horas adelantado. Lo que aquel joven no alcanzó a ver fue que a pesar de que el segundero seguía en marcha, las otras manecillas señalaban firmemente las once en punto.

Hoy aquel café permanece cerrado. Jamás apareció la familia de Eduardo y el local quedó abandonado tal y como lo dejó la policía. El polvo y las telarañas han cubierto la puerta y las ventanas. La luz del sol ya no entra más y la visibilidad es casi nula. Hay quienes juran que cada domingo a las once de la mañana se puede ver la figura de un hombre y una mujer sentados ante la única mesa que quedó en pie, charlando y bebiendo café. Incluso hay quienes juran haber escuchado risas y voces diciendo Eduardo y Jazmín...

El tiempo se ha encargado de borrar de la memoria lo que en aquel café sucedió. Si alguien se tomara la molestia de entrar y ver el cuadro que sigue en la pared, podría darse cuenta de que el tiempo no lo ha tocado, el polvo no lo ha cubierto aún y la pintura brilla tanto como el día en que se colgó. Todavía se puede ver el verde pastizal, la casa al fondo permanece bajo la sombra del gran manzano y seis figuras han aparecido. En primer lugar se puede ver a un hombre de unos 55 años, robusto y feliz; a su lado se encuentra una bella mujer de sonrisa amplia, quizás de 45 años; jugando alrededor, se puede ver la imagen de cuatro pequeños niños de entre tres y diez años. A veces, las figuras parecerían moverse dentro del cuadro como si de una familia de verdad se tratara. Quizás, si usamos la imaginación, podríamos entrar a la casa en la pintura y veríamos un cuadro sobre la chimenea que muestra a una chica sentada ante una mesa bebiendo café y con un libro en la mano.

Tal vez nadie recuerde esta historia, pero una cosa es segura; todo el mundo sabe que cada habitación de aquel viejo edificio está embrujada...

domingo, 21 de diciembre de 2008

Licantropo

Miles de historias de desamor existen en el mundo, millones de personas malheridas vierten letras sobre papel, o tratan de destrozar el teclado en un vano intento por desahogar ese "veneno"; ¿Quién podría decir que no ha sentido esto alguna vez? esa necesidad de escribir, de qencontrar algn sordomudo para abrir con él su corazón, lo más cercano a esto es el papel, el que escucha, el que siempre puede estar ahí, el paño de lágrimas...

y bien... quisiera marcar pauta en este blog con este poema al que titulo "Licántropo", vertido en papel durante uno de esos momentos, cuando uno no puede evitar "aullar a la luna"


Licántropo

Míralo, está sólo como nunca pues le falta su mirada,
como un mar sin luz de luna, como un lobo solitario,
admirando en el peñasco el incremento de las aguas.
¡Qué envidia de la marea! Que no cesa ni un instante,
¡cuanta envidia siente al verla y de saber que es un cobarde!
su sangre arde de coraje al oír la luna comentarle:

— ¡Tú no mereces amarle, no mereces ni mirarla!—

E inconsciente de aquel llanto que derrama, una lágrima se nota;
y no envidia por ahora más que un choque con las rocas,
él quiere volverse ola, y romper con su cruel sino,
volver al mar asesino y desmentir su cobardía;
era presa del hechizo de hombre lobo, de suicida,
y la burla de la luna se incrustó más en su herida;
de su boca brota espuma , aquel veneno le corrompe
y alaridos con su nombre que hasta al viento paraliza
han salido de sus labios, y el encono lo hace osado:
no hay temor ni cobardía, sólo un lobo envuelto en rabia.
El licántropo se ensaña en cada aullido con su amada,
porque aun la recordaba, y en el fondo la quería,
y su nombre repetía en lamentos que no acaban…

Y cada noche, llorando, puedes verlo en el peñasco,
llamándola a cada aullido, maldiciendo a aquella dama,
y su voz se quiebra y calla, y aun suspira enamorado,
en la oscuridad del risco, en penumbra y sin su amada,
hombre lobo solitario que a la soledad le canta…

Amigos... nos estaremos viendo...

Khalion

sábado, 20 de diciembre de 2008

Embrujo de Café: Parte 2

De lunes a sábado trabajaba clasificando paquetes en un almacén. No tenía amigos, pero tampoco los necesitaba. Cada domingo al llegar al local, se sentía como si estuviera en casa rodeada de su familia. El encargado había pasado a formar parte de su vida, pero jamás había sentido curiosidad por saber su nombre. El delicioso aroma del café y la presencia del bello cuadro junto a la mesa la hacían perderse en una realidad que salía de las páginas de sus libros.

En una ocasión su jefe de departamento le había comentado que parecía como si el tiempo no pasara por ella. Le había conocido hacía 8 años cuando entró a trabajar al almacén y pareciera como si no hubiera envejecido ni un solo día. Esto le pareció divertido y la chica comenzó a imaginar que el café tenía propiedades rejuvenecedoras. Un día leyó la historia de un hombre que tenía un retrato que envejecía, mientras él permanecía joven por siempre, con la única consigna de jamás ver el cuadro. A partir de aquel día, comenzó a imaginar que lo mismo le ocurría a ella. Llegó a pensar que el cuadro del pastizal con la casa, atrapaba los años que de otra manera, habrían ocasionado su envejecimiento. Una ocasión soñó que un hombrecito en la pintura le decía que si pronunciaba una sola palabra cerca de aquel cuadro, el hechizo se rompería. Fue así como su ritual en el café se cubrió de silencio y las miradas y sonrisas pasaron a ser el único medio de comunicación con el dueño del local.

Las semanas siguieron pasando y luego vinieron los meses que al final se convirtieron en años. Eduardo, que así se llamaba el dueño del café, había visto el mismo rostro durante casi 12 años y jamás había notado un signo de envejecimiento. Él por su parte se veía un poco más acabado. La angustia de no poder preguntarle su nombre había marcado en él ondas cicatrices. Cada segundo de espera se convertía en un martirio inconcebible. Noche a noche soñaba que la veía sentada en la mesa de siempre y justo cuando se disponía a decir su nombre, el sueño terminaba de forma repentina ocasionándole cada vez más sufrimiento.

La rutina se repetía cada semana sin variar ni un poco. Sin embargo, una fria mañana de diciembre algo cambió. Ese día, el dueño se levantó con la firme convicción de que al atardecer sabría el nombre de aquella enigmática mujer, así le costara la vida.

Eduardo se apresuró a llegar al local, se aseguró de que todo estuviera en orden y se dispuso a abrir media hora antes que de costumbre. Pasó toda la mañana pensando en la mejor forma de hablarle, imaginaba cual sería su reacción, pero lo que más le agobiaba era la angustia de saber si sería o no capaz de pronunciar algo.

A las diez cincuenta y uno supo que el momento estaba cerca; a las diez cincuenta y dos descubrió las palabras exactas que debía decir; a las diez cincuenta y tres se llenó de valor; a las diez cincuenta y cuatro se imaginó su voz; a las diez cincuenta y cinco se vió así mismo proponiéndole matrimonio; a las diez cincuenta y seis soñó con una casa hermosa y cuatro hijos; a las diez cincuenta y siete creyó escuchar sus pasos; a las diez cincuenta y ocho su corazón se disparó; a las diez cincuenta y nueve supo que en cualquier momento entraría; a las once en punto la vió abrir la puerta y toda su confianza y valor se fueron al piso.

La rutina comenzó como siempre. Llevó primero el expreso y se odió por no atreverse a hablar. Más tarde vino el capuchino con un croissant y una lágrima apareció en su ojo izquierdo. Cuando llegó la hora del vaso de agua supo que todo se había ido a la basura una vez más. Sin embargo, justo cuando se disponía a regresar a su lugar atrás de la barra, un súbito calor lo llenó y tardó un poco en reconocer su propia voz pronunciando aquellas palabras que había tenido atoradas durante doce años.
- Hola, mi nombre es Eduardo. Te he visto venir aquí cada domingo sin falta durante los últimos doce años y ni siquiera se tu nombre.
La chica del café (como la había apodado Eduardo) desvió la mirada hacia él y la sorpresa se dibujó en su rostro.
- Sabes – dijo Eduardo – he notado que siempre usas el mismo vestido. Jamás he escuchado tu voz, pero se exactamente que traerte y en que momento hacerlo. Te has convertido en la protagonista de mis sueños. Lo más gracioso es que ni siquiera te conozco, pero moriría si no te viera entrar al café los domingos a las once de la mañana.
Para este momento, una amplia sonrisa se había hecho presente en el rostro de la chica. Sus ojos se llenaron de alegría y supo que era ese el momento que había esperado durante tanto tiempo. Sintió el impulso de decirle a Eduardo que ella también lo amaba aún sin conocerlo y que justo ahora se había dado cuenta de que esa era la razón por la que había entrado al local hacía doce años.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Embrujo de Café: Parte 1

Todas las semanas transcurrían de forma normal, rara vez había algo digno de recordar. Los domingos, sin embargo, eran una cosa totalmente diferente. El ritual comenzaba a las 9 en punto justo cuando lo anunciaba el despertador. Después de un baño caliente se ponía siempre el mismo vestido blanco con encaje, cambiando en en ocasiones el collar o los aretes.

A las once de la mañana cruzaba la puerta del café. Iba siempre directo al fondo y se sentaba en la mesa de la esquina. A esa hora el local estaba vacío, por lo que podía disfrutar de un rato de soledad en medio de aquel delicioso aroma. Cada semana llevaba un libro diferente y se sumergía en su lectura sin tan solo tomarse la molestia de ordenar algo.

El dueño del local se había encargado de atender el negocio personalmente durante los últimos 10 años y durante todo ese tiempo jamás había visto que la chica del café no apareciera los domingos a las 11 de la mañana. Con el pasar del tiempo había aprendido su rutina. Apenas llegar, tomaría una taza de café expreso. Si había tenido una buena semana, media hora más tarde levantaría el índice izquierdo para indicar que le llevaran un capuchino con mucha canela y la sonrisa en su rostro indicaba que también comería un bocadillo salado. En cambio, si su semana había sido mala, únicamente el dedo solitario pediría el café, pero con un poco de moka para endulzarse la vida. Al terminar, esperaría más o menos media hora más antes de levantar la mirada y con un leve movimiento de cabeza, ordenar un vaso de agua fría. Finalmente, se levantaría, pondría un billete sobre la mesa y saldría del café con una sonrisa en la boca, pero sin articular palabra.

Así había sido durante 10 años. El dueño no recordaba haber escuchado alguna vez su voz, pero si recordaba con precisión el pedido que debía servir cada semana a su fiel clienta. Mucho tiempo había meditado acerca de aquella mujer. Vagamente recordaba como había sido su primer encuentro. Sabía que ocurrió el primer domingo que había pasado siendo dueño de aquel café. A las 11 en punto vio entrar a una joven mujer de alrededor de 25 años. Usaba un vestido blanco con encaje que hacía resaltar la forma de su cuerpo. Su tez blanca y el cabello castaño combinaban perfectamente con los ojos claros que tanto llamaban la atención en aquella bella joven. Era de estatura baja, aunque las zapatillas que calzaba la hacían verse ligeramente más alta.

Muchas veces quiso hablarle, preguntarle su nombre, averiguar porque siempre llevaba la misma ropa y seguía la misma rutina sin pronunciar ni una sola palabra. Sin embargo, por alguna extraña razón, cada vez que intentaba acercarse ocurría algo que lo hacía desistir de su intento.

Durante diez años había alimentado su imaginación. Su curiosidad se había hecho más grande y por si fuera poco, había comenzado a enamorarse de aquella chica. Es verdad, jamás habían cruzado palabra, no sabía nada acerca de ella y ni siquiera sabía su nombre, pero cada domingo esperaba con ansias que el reloj marcara la hora en que ella atravesara la puerta.

El tiempo seguía pasando y cada semana la historia se repetía sin cambios. En alguna ocasión, el dueño del café tuvo una riña con un cliente que había tenido la osadía de invadir la mesa de la joven justo a las 10:45. Tan solo siete minutos después el cliente salía del local mascullando algunas maldiciones y jurándose jamás volver a aquel lugar. La chica del café llegó a la hora de siempre y jamás se enteró de que su rutina estuvo a punto de destruirse apenas unos momentos antes.

Aquella mujer había pasado todo ese tiempo esperando sin saber exactamente lo que esperaba... Un domingo hacía ya diez años había pasado frente al café y el delicioso aroma la invitó a entrar. Se dirigió directamente al fondo y se acomodó en la mesa que estaba justo al lado de un cuadro que mostraba la panorámica de un verde pastizal y una casita de madera al fondo, con un enorme manzano al lado. Ese día sintió como si hubiera vuelto a un lugar del que no se acordaba, pero al que siempre había pertenecido. El siguiente domingo se sorprendió al percatarse de que sus pasos la habían llevado al mismo local. Fue así como la visita dominical al café se convirtió en parte de su vida.